BECKET

Ficha artística:

Dirigida por: Peter Glenville
Año: 1964
Música: Laurence Rosenthal
Productora: Coproducción GB - USA
Reparto: Richard Burton, Peter O'toole, John Gielgud, Donald Wolfit, Martita Hunt, Pamela Brown, Siân Phillips, Felix Ahylmer, Gino Cervi, Paolo Stoppa, David Weston

 

Actor de teatro aficionado desde mi "más tierna infancia"... como se dice, estábamos preparando la presentación de la obra "Becket o el honor de Dios" de Jean Anouilh. Tenía entonces unos 20 años (ahora 66) y en consecuencia mi papel era el adecuado a mi edad: el del novicio sajón que, odiando primero a Tomás Becket, se transforma después en su fiel ayudante. Unas semanas antes de la representación se anunció el estreno de esta película. El grupo de teatro al completo fuimos a verla: sentíamos la necesidad de hacerlo para "captar" las sutilezas interpretativas de los personajes y trasladarlas al escenario si nos atrevíamos... o si nos era posible.

Magnífico el duelo interpretativo entre Richard Burton (Tomás Becket) y Peter O'Toole (rey Enrique) que a partir del segundo tercio de la película se transforma en una relación amor-odio increíblemente bien interpretada. Aquellos primerísimos planos de los ojos de Peter O'Toole que, sin pronunciar palabra, transmitían unas sensaciones, unas emociones muy intensas: te dabas cuenta perfectamente de lo que estaba pensando, no eran necesarias las palabras. En absoluto.

Toda la película es un análisis crítico de una determinada época histórica (siglo XI) con las inevitables luchas por el poder entre la Monarquía y la Jerarquía Católica, las rivalidades entre los normandos invasores de Inglaterra y los sajones autóctonos, las envidias y recelos y luchas y traiciones por conseguir el poder... Hasta el punto que los actores secundarios, todos, tenían su especial relevancia.

El director se permite algunas licencias. Por ejemplo trasladar a campo abierto algunas escenas de interiores. La escena en la que aparentemente se reconcilia el rey Enrique con Tomás no estaba fijada en las playas de Normandía (en un teatro, en aquella época, era imposible y tal vez ahora también lo sea), sino en el mismo castillo real. Pero el diálogo es el mismo.

Y es ésta otra de las virtudes de la película. Estamos acostunbrados en adaptaciones de novelas al cine en las que, por necesidades "comerciales", se cambien situaciones e incluso algún desenlace final. No es el caso de BECKET: los guinistas fueron absolutamente fieles al texto original. Y ello es de agradecer.

 

RAFAEL AGUILAR - Profesor de ESO